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Estética jueves 26/08/10
Visagismo
Un arte en sí mismo

Por Begoña Sánchez, profesora técnica de Estética del I.E.S. La Patacona | Artículo cedido por Vida Estética-Les Nouvelles Esthétiques | Maquetación web: Laura Bermúdez

Cuando hablamos de morfología y visagismo nos referimos a una técnica que no sólo utilizan los maquilladores, sino que también se enseña a los estudiantes de Bellas Artes cuando comienzan su formación. Y es que para poder plasmar cuerpos humanos o rostros en las obras de arte es imprescindible conocer sus proporciones.
 

Las proporciones del rostro han variado poco con el paso de los siglos y su origen se encuentra en la cultura grecorromana. De hecho, si observamos esculturas de la época podremos ver cómo las proporciones son las mismas que en las que hoy nos basamos para realizar el estudio del rostro.

Los maquilladores estudian las proporciones, formas del rostro y de sus diferentes facciones para poder clasificarlas y, posteriormente, potenciarlas o corregirlas mediante el maquillaje.

Claroscuro

    
Klaus Peter Ochs
El visagismo es una técnica de observación, mientras que la técnica de corrección se realiza mediante el claroscuro, que se utiliza en la pintura, el dibujo y el grabado.

Con esta técnica se intenta esculpir el rostro mediante tonos de maquillaje claros para dar volúmenes o luminosidad a las zonas que lo precisan y con tonos más oscuros para disimular volúmenes o dar profundidad a aquellas que lo requieran. El claroscuro no se refiere solamente a tonos claros o más oscuros para modelar el rostro, sino también a colores. Y es que este efecto se crea mediante la aplicación de sombras de diferentes tonos, intensidades y saturaciones, que acaban estructurando los ojos y corrigiendo su forma o creando volúmenes en los labios.

Cabe destacar que, además del maquillaje, un maquillador debe saber realizar un perfecto estudio de cejas, adaptándolas al tipo de óvalo. Así, mediante su depilación y corrección, se pueden disimular asimetrías, desproporciones y suavizar líneas del rostro.
 
Clasificación de los óvalos
 
    
Cuando comenzamos la realización de un maquillaje correctivo, lo primero que se debe llevar a cabo es clasificar el tipo de óvalo
, ver las asimetrías y proporciones del rostro. Para ello tenemos que realizar un estudio desde el plano vertical y desde el plano horizontal.

Los óvalos se clasifican en siete, aunque cabe decir que es difícil encontrar un óvalo puro, siendo más normal encontrar óvalos mixtos, es decir, un rostro en el cual se aprecien características de varios tipos de óvalos.

Los óvalos puros se engloban en la siguiente clasificación: oval, redondo, cuadrado, rectangular, hexagonal, triangular y triangular invertido. Dentro de estos óvalos los hay más largos y también más anchos. Para comprobarlo, se debe medir el rostro de frente y, para ello, la modelo debe estar frente a un espejo con el pelo retirado del rostro.

Además, realizando el estudio desde el plano horizontal, debemos dividir el rostro en tres zonas:
  • Zona intelectual: comienza desde el inicio del cabello hasta el músculo piramidal o la raíz de la ceja.
  • Zona afectiva: se origina en el hueso piramidal o raíz de la nariz hasta su base.
  • Zona sensitiva: se inicia en la base de la nariz, acabando en el extremo del mentón.
Rostro oval: es considerado el rostro perfecto. Se trata de un rostro de formas suaves y redondeadas que se caracteriza por una apariencia más ancha en la zona de mejillas y se va estrechando ligeramente hacia el mentón.

Es un óvalo que no precisa ninguna corrección, por lo que bastará con iluminar las zonas centrales y modelar los pómulos. En cuanto al resto de las facciones, nos permite jugar dentro de las tendencias del momento y de los gustos del cliente con las formas y estilos que queramos. Las cejas podrán ser más angulosas o suavizadas, más ascendentes u horizontales, con el punto de altura más centrado o desplazado hacia el exterior.

Rostro redondo: es un rostro de líneas suaves, sin ángulos, pero ancho. Visualmente, se perciben los ojos, la boca y la nariz muy juntos. Por tanto, debemos maquillarlo de forma que dé la sensación de rostro más alargado. Para ello, marcaremos la zona de pómulos y el rubor en forma ascendente, hacia las sienes. Oscureceremos prácticamente todo el contorno del óvalo, de forma muy difuminada.

En cuanto al resto, las cejas se depilarán dándoles verticalidad para que sean ascendentes y con forma angulosa, centrando el punto de altura todo lo posible. Los ojos se maquillarán intentando agrandarlos en la medida de lo posible, dándoles formas rasgadas y huyendo de las redondeces. La boca se agrandará, evitando en el perfilado las formas redondas.

    
Rostro cuadrado:
seguimos hablando de un rostro ancho, pero en este caso de líneas duras y angulosas, de frentes cuadradas y maxilares muy marcados. Mediante el maquillaje correctivo, se intentará, por un lado, alargar el rostro y, por el otro, suavizar sus líneas. Se iluminará toda la zona central, intentando suavizar los maxilares con un tono un par de tonalidades más oscuro que el aplicado como fondo.

Modelaremos los pómulos y aplicaremos el rubor buscando la verticalidad. Por otro lado, las cejas deben depilarse o maquillarse de forma ascendente, pero buscando líneas suaves y redondeadas. Esto disimulará visualmente la anchura del óvalo. Si la forma de los ojos lo permite, los maquillajes de líneas redondas serán los que más favorezcan a este tipo de rostros. Igualmente, buscaremos estas líneas en los labios. De esta manera, compensaremos y romperemos con la dureza de las líneas.

Rostro rectangular: en este caso, es un rostro de líneas duras, con mandíbulas angulosas al igual que el cuadrado, de óvalo alargado. Intentaremos acortarlo, a la vez que suavizaremos las líneas angulosas que posee, aplicando tonos de maquillaje más oscuros en la zona del nacimiento del cabello y de las mandíbulas.

La aplicación del rubor y modelado de los pómulos se realizará dando horizontalidad. Las cejas serán ligeramente horizontales desplazando el punto de altura todo lo que podamos hacia el exterior. De este modo, visualmente, el óvalo parecerá más ancho. Los ojos los maquillaremos con líneas más redondeadas, y aplicaremos las mismas formas para los labios.

Rostro triangular: es un óvalo que presenta un excesivo volumen en la zona inferior y, sin embargo, se va estrechando a partir de las sienes hacia la frente. Debemos equilibrar la desproporción existente entre la zona afectiva y la zona intelectual, dando amplitud a esta última mediante tonos claros y oscureciendo la zona de maxilares.

Las cejas se deberán depilar dando horizontalidad a las mismas y desplazando el punto de altura hacia el exterior. Así, visualmente ganaremos amplitud en la zona intelectual. Los ojos se deberán maquillar con líneas rasgadas e intentaremos agrandarlos, dándoles importancia. Así, atraeremos la atención sobre esta zona disimulando la parte sensitiva. En los labios, intentaremos no crear formas demasiado redondeadas.

Rostro triangular invertido: las características de este óvalo nos indican que es de mandíbula retraída y estrecha y su zona intelectual es ancha, lo que le confiere esa forma característica de triángulo invertido. Las correcciones mediante el maquillaje tratarán de disimular la frente, oscureciendo los laterales de la misma, e intentando dar más importancia al maxilar aclarándolo con un par de tonos menos de fondo.

>> Las líneas suaves son más favorecedoras para el rostro triangular invertido. Por otro lado, se deberá maquillar los ojos con líneas más redondeadas para romper con los ángulos de este tipo de rostro

Las cejas deben tener el punto de altura más centrado y no ser demasiado angulosas. Las líneas suaves son más favorecedoras para estos óvalos. Por otro lado, se deberá maquillar los ojos con líneas más redondeadas para romper con los ángulos de este tipo de rostro. En los labios se deberá buscar la horizontalidad, con líneas redondeadas pero intentando dar amplitud. En este caso, los tonos más subidos centrarán la atención sobre esta zona.

     
 
Rostro hexagonal:
este tipo de óvalo es el de un rostro muy sugerente por el exotismo que aporta. Es un óvalo de frente y mandíbulas estrechas, mentón pequeño y pómulos altos y prominentes.

Debemos, por tanto, dar anchura a la frente y mandíbulas mediante tonos más claros. Asimismo, intentaremos disimular los pómulos, pero con cautela, ya que aportan un gran atractivo a este rostro. El rubor centrado sin marcar los pómulos favorecerá y suavizará su prominencia.

Las cejas deben ser de líneas suaves pero ascendentes y el punto de altura estará desplazado hacia el exterior todo lo posible. Esto proporcionará amplitud a la zona intelectual. Los ojos se deberán maquillar de forma que se agranden. Habitualmente, este tipo de óvalos se acompañan de ojos rasgados y altos, con lo que las líneas que nos ayuden a bajar los ojos y las formas redondas contribuirán a compensar este rostro. En los labios, las formas redondeadas, pero que aporten amplitud, serán las más favorecedoras.

Todas estas orientaciones nos ayudarán a realizar un buen maquillaje, pero la experiencia es un grado y al principio a los futuros profesionales les cuesta mucho observar estas apreciaciones. Con el paso de los años y el trabajo, las asimetrías se aprecian en seguida.
 
 
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