el primer portal profesional de la belleza
 
   Inicio      Estética      Peluquería      Wellness/Fitness      Feria Cosmobelleza  
 
miércoles 08/02/12
 
 
Información
Uñas
Productos
Revistas online
Directorio
Servicios
 
  Inicio > Artículos técnicos  
 
     
 
 
 
Estética miércoles 31/05/06
Coaching para esteticistas
Por Joan Cintero, psicoterapeuta Gestalt.
Artículo cedido por Vida Estética-Les Nouvelles Esthétiques
    
Os invitamos a dejar la superficie y a profundizar. Os proponemos por unos momentos dejar el cuerpo para explorar el alma. No en el sentido religioso o trascendente, sino en el terreno de las emociones.
   
  
Como profesionales que habéis merecido la confianza de vuestros pacientes-clientes habéis podido comprobar que os hacen a menudo consultas más allá del puro ámbito de la estética y de la belleza para haceros partícipes de problemas de índole personal relacionados con el estado de ánimo, la forma de encarar la vida relacional y la respuesta frente a quiebres de todo tipo que acaban afectando no sólo al aspecto físico, sino también a la autoestima y la ilusión para disfrutar de las pequeñas cosas de la vida y emprender nuevos proyectos.

También como expertos en aspecto físico habréis podido comprobar la estrecha relación que se establece entre el cuerpo y el mundo interior de las emociones.

La propuesta que desde aquí os hacemos es la de adentrarse precisamente en este mundo para poder gestionar mejor el bienestar de vuestros pacientes-clientes con una atención integral mas allá de la piel misma.
   
La figura del ‘coach’
  
    
Un “coach” es un entrenador, pero no en el sentido literal de la palabra. Un “coach” es alguien que en paralelo a la asistencia profesional es también capaz de sostener a la persona en un sentido global y holístico, cuando falla la autoestima, la ilusión, la esperanza…

Hacer “coaching” en estética es una forma de estar al tanto de las técnicas de psicología para recoger síntomas de petición de ayuda emocional, hacerse cargo de necesidades no siempre manifestadas y poner las bases para ejercer una influencia positiva al paciente también en estos aspectos.

Para ello, tomamos prestadas algunas herramientas clásicas de la psicología Gestáltica, que es la corriente humanista más adecuada para estos fines por su pragmatismo y aplicabilidad, y las aprendemos para incorporarlas en forma sencilla y práctica a la consulta diaria.

No hace falta aprender psicología ni hacer largos procesos clínicos con pacientes mentales. Tampoco vamos a pretender abordar enfermedades psíquicas ni hacer terapia en procesos graves que requerirán a un profesional especializado. Se trata de aprender una serie de elementos teóricos básicos que configuran el origen de cualquier trastorno emocional, conocer cómo estos quiebres se presentan más comúnmente y unos protocolos simples de aplicación para pasar de un estado actual (dolor, ansiedad, estrés, etc.) a un estado deseado (serenidad, equilibrio, etc.).

Los clientes tienen derecho a recibir un tratamiento integral que también contemple su bienestar anímico, su paz interior, su relajación y la ayuda a la resolución de sus problemas. Todo ello se encuentra recogido en la Declaración de Barcelona de 2003, donde se establece un nuevo código de conducta que es algo como la culminación de una cultura en la orientación al servicio a clientes.

Se requiere también una especial actitud y sensibilidad del profesional hacia esta nueva tendencia. La empatía (ponerse en el lugar del otro) es un buen ejercicio de voluntarismo, pero implica el enorme riesgo de caer víctima del síndrome del “burn-out” (quemarse) al hacer propios los problemas ajenos que se suman día a día hasta la antesala del desánimo y la depresión.

Ser un profesional apático tampoco es una solución puesto que mantenerse forzadamente al margen de la transferencia emocional y petición de ayuda del cliente, además de ser prácticamente imposible desde el punto de vista de la sensibilidad humana, va a provocar la reprobación y el abandono de éstos.

La actitud correcta sería la de “simpatía”, entrando en la demanda, intervenir en ella y retirarse sin implicación personal después de haber ejercido una función sanadora. Es una combinación de contacto-retirada que protege el propio equilibrio emocional pero que permite actuar positivamente sobre cualquier situación de quiebre en otra persona.

Esta intervención puede hacerse si el paciente lo solicita o espontáneamente, si el criterio del esteticista así lo estima oportuno a la vista de síntomas claros y evidentes de que algo malo está sucediendo en el paciente a la vista de un problema corporal.

Podría trazarse un mapa con una total correlación entre patologías comunes: caída de cabello, arrugas persistentes, aspecto cansado, ojeras, anorexia, bulimia, tabaquismo o consumo de drogas, etc.; con trastornos emocionales comunes: depresión, estrés, ansiedad, irritabilidad, fobias, conductas neuróticas, etc.

Ambas situaciones confluyen como un río y su orilla con posibilidad de intervención-repercusión recíproca en la mayoría de casos.

Para hacer “coaching” hay cuatro condicionantes previos:

  • “Alinearse” con el paciente, es decir, conocerle bien.
  • Conocer cuáles son sus gustos y preferencias.
  • Conocer su especial idiosincrasia.
  • Hacerle notar el interés que tiene para nosotros.

Después, es importante “crear un clima de confianza” para que tenga lugar la transferencia emocional. Dentro de un clima de confianza, aparece la confidencia, la intimidad y se puede producir la apertura para la demanda o la prestación de un servicio dirigido a las emociones.

Con estas premisas, la esteticista se manifiesta como un consultor global que tiene poder sobre el paciente y que utiliza muy sutilmente para ”guiar sin dirigir”, como una proposición, como una sugerencia que se desliza con una clara intencionalidad de ayuda.

Finalmente, está la gestión del protagonismo, tomándolo y cediéndolo como en una danza. Tomándolo para respaldar la autoridad del terapeuta y cediéndolo para que el propio paciente conecte con sus propios recursos sanadores, como en un baile en que ambos encuentran el ritmo adecuado, la armonía de la música y se permiten probar sus lances creativos con la ayuda y complicidad del compañero.

Para trenzar una danza atractiva, hace falta que puedan fluir las propias capacidades energéticas, lo que significa que personalmente se debe estar en un buen equilibrio emocional; confluir con el compañero de baile de modo que haya un buen entendimiento y, finalmente, que el terapeuta disponga de la suficiente preparación para aplicar las técnicas necesarias para influir con éxito.
A veces de forma muy simple, escuchando atentamente y haciendo preguntas que obliguen a replantearse cosas y a iniciar un proceso de transformación.
     
Filosofía Gestalt
      
La filosofía Gestalt nos presta herramientas muy valiosas para el coaching para esteticistas. Muchas de estas herramientas están tomadas de la terapia, pero, como señala F. Pearls, el fundador de la Gestalt, estas herramientas son demasiado buenas para aplicarlas sólo a enfermos.

La Gestalt se basa en un postulado muy simple que consiste en “darse cuenta” de lo que sucede a través de unos ejercicios que van mas allá de las interpretaciones erróneas que nos da la mente. A través del cuerpo y ciertas estratagemas, se accede al fondo inconsciente que regula el comportamiento y se encuentra la causa. El paciente se percata de ello y lo trae al presente, al
“aquí y ahora”, para que sea una información manejable con los recursos disponibles en el momento. Al concentrar el esfuerzo en la temporalidad del presente y la ubicuidad del ahora, el paciente puede relativizar muchísimo el problema. Todo ello, con la ayuda y guía de la esteticista, que actúa como una hábil terapeuta a través de las palabras y ciertos ejercicios.

Para hacer de “coach” en estética se pueden aprender también algunas de las rutinas más tradicionales de la Gestalt, como son la silla caliente y la silla vacía, el eneagrama, el Reiki, algunas técnicas proyectivas, inducción hipnótica, etc.

En definitiva, se trata de ensanchar la Ventana de Johari, haciendo visible lo ciego propio, relajando el área privada para permitir ser ayudado y adquiriendo apertura para avanzar el terreno del autoconocimiento, que nos permite la utilización de los propios recursos que son infinitos.

En una visión optimista de la esteticista actual, no podemos dejar de ver una rica mezcla de experiencia en las técnicas corporales propias del oficio, y también a un especie de “chamán” benefactor que da un consejo útil, que hace preguntas que hacen pensar, que tiene una presencia reconfortante en momentos de soledad y que favorece un proceso interno con sus cuidados y sabiduría.


Es un sueño, ¿y si lo es? ¡qué bien ser uno más de estos locos que quieren mejorar el mundo!
 
 
Si quieres buscar más noticias, artículos técnicos, cursos, etc... clica aquí
 
  Además...  
 
 
Cuidados para el verano (I parte)
Peluquería - El proceso de cambio climático que experimentamos ...
Objetivo: la conquista del hombre (II parte)
Estética - Para poder aportar mi experiencia de actuación en ...
Objetivo: la conquista del hombre (I parte)
Estética - La estética del presente y del futuro aglutina, si...
Tórrida primavera
Peluquería - La primavera-verano parisina se dibuja tórrida. A ...
 
 
   
 
  < atrás